La UNRWA
Daniel Baquerín
5/13/202615 min leer
La paradoja de la UNRWA: financiación humanitaria, terrorismo subsidiado y la doble moral estratégica de Estados Unidos en Oriente Medio
Este artículo analiza la contradicción entre la suspensión estadounidense de fondos a la UNRWA y la política militar de Estados Unidos en Oriente Medio entre 2006 y 2025. La tesis central es doble: por un lado, la UNRWA presenta problemas estructurales de transparencia, neutralidad, definición jurídica del refugiado palestino, incentivos burocráticos y posible captura operativa por Hamás y otras organizaciones palestinas; por otro, la retirada de fondos por parte de Washington no prueba necesariamente una política coherentemente favorable a Israel, ya que durante el mismo periodo Estados Unidos mantuvo una arquitectura militar regional que movió cientos de miles de millones de dólares hacia actores hostiles, ambiguos o estratégicamente problemáticos para la seguridad israelí.
Entre 2006 y 2024, Estados Unidos aportó más de 4.500 millones de dólares a la UNRWA. Sin embargo, en paralelo, facilitó o desplegó aproximadamente 783.000 millones de dólares en gasto militar, ventas de armas, asistencia, entrenamiento y operaciones estratégicas en países del entorno regional de Israel. La pregunta no es solo si la UNRWA debe ser investigada. La pregunta es más profunda: ¿puede Estados Unidos presentarse como garante de la seguridad israelí mientras financia instituciones opacas vinculadas al ecosistema palestino y, al mismo tiempo, arma masivamente el entorno geopolítico donde operan los enemigos de Israel.


1. Introducción: el gesto que parece proteger a Israel
Tras el 7 de octubre de 2023, Israel entregó a varios gobiernos occidentales información de inteligencia que vinculaba a empleados de la UNRWA con los ataques de Hamás. La respuesta fue inmediata: Estados Unidos y otros países suspendieron parte de la financiación a la agencia.
A primera vista, la lectura parece sencilla: Washington actúa, corta fondos y protege a Israel. Pero esa interpretación se cae cuando ampliamos el marco temporal y cuantitativo.
Porque Estados Unidos no empezó a financiar la UNRWA ayer. Tampoco empezó ayer a vender armas en Oriente Medio. Y, sobre todo, no se puede analizar la retirada de unos cientos de millones de dólares sin observar el gigantesco volumen de recursos militares que Washington ha movido durante décadas en la misma región.
La hipótesis de este artículo es clara:
La suspensión de fondos a la UNRWA no demuestra que Estados Unidos sea un aliado estratégico coherente de Israel. Solo demuestra que, cuando la evidencia se volvió políticamente insoportable, Washington se vio obligado a cortar una vía concreta de financiación. Pero esa vía era apenas una parte menor de una arquitectura regional mucho más amplia, militarizada y contradictoria.
2. Qué es la UNRWA y por qué no es una agencia humanitaria normal
La UNRWA fue creada en 1949 para asistir a los árabes palestinos desplazados tras la guerra de 1948. A diferencia del ACNUR, que se ocupa del resto de refugiados del mundo, la UNRWA trabaja exclusivamente con los refugiados palestinos en cinco áreas:
Gaza
Cisjordania
Jordania
Líbano
Siria
Esta singularidad ya es políticamente relevante. Ningún otro grupo de refugiados del mundo tiene una agencia de Naciones Unidas dedicada exclusivamente a él.
Pero el problema no termina ahí. La UNRWA utiliza una definición particular de “refugiado palestino” que no se limita a quienes fueron desplazados directamente en 1948, sino que se extiende también a sus descendientes. En la práctica, el estatus de refugiado se vuelve hereditario.
Esto genera un incentivo perverso: el problema no se resuelve; se administra, se amplía y se convierte en estructura permanente. Un ejemplo extremo ayuda a entenderlo: una persona árabe que hubiese llegado al Mandato Británico de Palestina pocos años antes de la guerra de 1948 y luego hubiese abandonado la zona podría quedar integrada dentro del sistema de refugiado palestino, y sus descendientes también. El resultado es una población asistida que no disminuye con el paso de las generaciones, sino que aumenta.
Desde un punto de vista institucional, esto no parece diseñado para cerrar una crisis humanitaria, sino para conservarla indefinidamente.


3. UNRWA frente a ACNUR: la anomalía burocrática
Las investigaciones citadas por el Enrique Presburger en ¨El negocio del terrorismo¨ apuntan a una comparación especialmente incómoda entre UNRWA y ACNUR.
Según los cuadros que estamos incorporando al análisis:

La comparación es demoledora.
La UNRWA atiende a muchos menos refugiados que ACNUR, pero tiene más empleados. Además, el presupuesto por persona asistida es más del doble.
Esto permite formular una pregunta incómoda:
¿Estamos ante una agencia humanitaria eficiente o ante una burocracia internacional cuya propia supervivencia depende de que el conflicto nunca se resuelva?
Presburger resume el problema con una idea provocadora: alrededor de uno de cada cuatro empleados del sistema ONU vinculado a este ámbito sería palestino de Gaza. Más allá de la cifra exacta, que conviene verificar documentalmente con fuentes primarias, el punto estructural es evidente: la UNRWA no solo reparte ayuda; también funciona como una enorme estructura laboral, política y social dentro del ecosistema palestino.
Y ahí aparece el incentivo perverso: cuantos más refugiados hay, mayor es el presupuesto; cuanto mayor es el presupuesto, mayor es la red burocrática; cuanto mayor es la red burocrática, menor es el incentivo institucional para resolver definitivamente el problema.


4. El salario como incentivo: funcionario internacional o militante
Uno de los gráficos que vamos a incorporar muestra una comparación salarial estimada:


Si estas cifras se sostienen con documentación suficiente, el argumento es muy potente: dentro de un entorno de pobreza, dependencia y conflicto, trabajar para la burocracia palestina o para la UNRWA se convierte en una vía privilegiada de ascenso económico.
Y si a esto añadimos los programas de la Autoridad Palestina conocidos como pay for slay —pagos a presos condenados por terrorismo y a familias de “mártires”— aparece una estructura de incentivos aún más perversa.
En ese ecosistema, las vías de movilidad social parecen concentrarse en dos caminos:
1. entrar en la burocracia internacional o palestina;
2. participar directa o indirectamente en la maquinaria del conflicto.
No se trata solo de pobreza. Se trata de una economía política construida alrededor del conflicto.


5. El problema operativo: UNRWA no puede operar en Gaza sin entenderse con Hamás
Desde junio de 2007, Hamás controla Gaza. Esto es fundamental. Una agencia que despliega miles de empleados, colegios, centros de salud, almacenes, distribución de alimentos y logística en Gaza no puede operar al margen del poder real del territorio. Y el poder real en Gaza es Hamás.
Esto no significa que cada empleado de UNRWA sea miembro de Hamás. Pero sí significa que, en la práctica, la frontera entre estructura humanitaria, poder local, presión política y control armado se vuelve extremadamente difícil de trazar.
La pregunta científica no es únicamente:
¿La UNRWA financia directamente a Hamás?
La pregunta correcta es:
¿Puede la UNRWA garantizar neutralidad, trazabilidad y control operativo real dentro de un territorio gobernado por Hamás?
La respuesta, a la luz de lo ocurrido, parece cada vez más difícil de sostener.
6. Empleados, túneles, escuelas y cohetes
El 7 de octubre de 2023 puso el problema en el centro del debate. Israel acusó a varios empleados de la UNRWA de haber participado directa o indirectamente en los ataques de Hamás. Según informaciones publicadas por medios internacionales, un dossier de inteligencia israelí habría señalado vínculos entre trabajadores de la agencia y Hamás o la Yihad Islámica.
Posteriormente, la propia ONU reconoció que varios empleados podían haber estado implicados y terminó contratos concretos. Esto no prueba que toda la UNRWA como institución planificara los ataques, pero sí demuestra algo gravísimo: sus mecanismos internos no fueron capaces de impedir que personas vinculadas a su estructura aparecieran relacionadas con el mayor ataque contra judíos desde el Holocausto.
Además, las denuncias no se limitan a empleados. A lo largo de los años, Israel ha denunciado:
túneles de Hamás cerca o debajo de instalaciones civiles;
uso de escuelas como almacenes de armas;
lanzamiento de cohetes desde zonas próximas a instalaciones humanitarias;
presencia de material militar en instalaciones vinculadas a la UNRWA;
profesores y empleados celebrando o justificando ataques contra israelíes.
Francisco Gil-White recuerda en su artículo que en 2015 se destapó que Hamás y Yihad Islámica habían usado escuelas infantiles de la UNRWA como almacenes y plataformas de lanzamiento de misiles, y que la ONU terminó viéndose obligada a admitirlo. También subraya la anomalía de que la UNRWA tenga casi el doble de empleados que ACNUR para atender a una población asistida mucho menor, así como el carácter excepcional de una agencia dedicada a un solo grupo de refugiados.
Este punto debe quedar claro: una instalación humanitaria usada por Hamás no prueba automáticamente complicidad institucional total. Pero sí prueba un problema de control. Y cuando ese problema se repite, deja de ser una anomalía y pasa a ser un patrón. Además, cuando los terroristas utilizan estas instalaciones como almacén, entonces dejan de ser edificios civiles para convertirse en blancos militares para las Fuerzas de Defensa de Israel. Lo mismo aplicaría para la población civil en Gaza, pero eso es material para otro articulo y no es el objetivo de el que el lector esta leyendo.


7. Educación, adoctrinamiento y destrucción moral de los niños palestinos
Uno de los aspectos más graves del sistema no es únicamente financiero, sino educativo.
Si los fondos internacionales sostienen escuelas donde profesores vinculados a Hamás o a estructuras ideológicas palestinas enseñan a niños a odiar a los judíos, entonces el problema ya no es solo contable. Es civilizatorio.
La pregunta no es solo dónde va el dinero. La pregunta es qué cultura política está financiando ese dinero.
En varios informes y denuncias se ha acusado a materiales educativos palestinos de glorificar el martirio, borrar a Israel del mapa, presentar la violencia contra judíos como heroica y convertir el conflicto en una pedagogía de odio intergeneracional.
Aquí conecta la UNRWA con la Autoridad Palestina y Fatah. Hamás opera en Gaza, pero la cultura política del martirio no se limita a Hamás. También aparece en medios, escuelas y estructuras de la Autoridad Palestina.
Gil-White insiste en esta idea: no solo Hamás destruye a los niños palestinos; también lo hace la OLP/Fatah mediante décadas de adoctrinamiento desde Oslo, entrenamientos juveniles, glorificación del martirio y programas de recompensa al terrorismo.
Este punto es clave: si un niño crece dentro de un sistema educativo, mediático y económico donde matar judíos puede convertirse en prestigio social, salario, pensión familiar o martirio religioso, entonces Occidente no está financiando “paz”. Está financiando la reproducción cultural del conflicto.
8. El “pay for slay”: terrorismo como carrera subvencionada
Los programas de pagos a presos y familias de atacantes palestinos son uno de los elementos más perversos del sistema.
La lógica es sencilla: cuanto más grave el atentado, mayor puede ser la recompensa económica o simbólica. El encarcelamiento no destruye necesariamente el prestigio del terrorista; puede aumentarlo. La muerte del atacante puede convertirse en pensión para la familia. El asesinato puede transformarse en estatus social.
Según los cuadros que estamos incorporando:


La cifra concreta de cada categoría deberá contrastarse con documentación primaria, pero el mecanismo general está ampliamente denunciado: la Autoridad Palestina ha sostenido durante años pagos a presos condenados por terrorismo y a familias de atacantes.
Esto completa el círculo del incentivo perverso:
la UNRWA mantiene la infraestructura humanitaria y educativa;
la Autoridad Palestina mantiene la legitimación política y económica del martirio;
Hamás controla Gaza y captura parte del entorno operativo;
Occidente financia gran parte del sistema;
Los propios niños palestinos pagan las consecuencias en forma de adoctrinamiento, pobreza y guerra perpetua.
Israel paga las consecuencias en seguridad.




9. ¿De dónde viene el dinero?
Otro gráfico clave muestra la procedencia presupuestaria de Hamás y la Autoridad Palestina, con un dato central: una parte muy significativa procede de gobiernos e instituciones occidentales.
Según el cuadro que vamos a trabajar:


Si estas cifras se verifican, el dato es políticamente explosivo: el grueso del sostenimiento económico del ecosistema palestino no vendría de Irán, Qatar o Turquía, sino de Occidente.
La narrativa habitual presenta a Occidente como mediador humanitario y a Irán como financiador del terrorismo. Pero la realidad podría ser más incómoda: Irán arma y dirige parte de la estructura militar; Occidente sostiene parte de la infraestructura civil, burocrática y educativa que permite que el sistema sobreviva.
Ambas dimensiones son necesarias para que el conflicto se perpetúe.
10. Estados Unidos y la UNRWA: 4.500 millones de dólares
Entre 2006 y 2024, Estados Unidos aportó más de 4.500 millones de dólares a la UNRWA.




Es decir: más de 4.500 millones de dólares.
La financiación no fue constante. Hubo un parón bajo Trump en 2018-2020. Pero Biden restauró los fondos en 2021, y Estados Unidos volvió a aportar cantidades muy elevadas en 2021, 2022 y 2023.
La suspensión de 2024 no puede borrar décadas de financiación.


11. La trampa narrativa: “Estados Unidos cortó fondos, luego protege a Israel”
Aquí aparece la primera gran trampa del relato. Se nos dice: “Estados Unidos cortó fondos a la UNRWA, por tanto está protegiendo a Israel.”
Pero la secuencia real es distinta.
Estados Unidos financió durante años una agencia con problemas estructurales evidentes. La cortó parcialmente bajo Trump. La volvió a financiar bajo Biden. Y solo volvió a suspender fondos cuando Israel presentó información tan grave tras el 7 de Octubre que continuar financiando a la agencia se volvió políticamente insostenible.
La pregunta correcta no es: ¿Por qué Estados Unidos cortó fondos en 2024?
La pregunta correcta es: ¿Por qué Estados Unidos financió durante tantos años una estructura tan problemática?
Y aún más: ¿Por qué, mientras se discutían unos cientos de millones de dólares para la UNRWA, Washington movía cientos de miles de millones en armamento, entrenamiento y operaciones militares en el entorno regional de Israel?
12. La segunda contabilidad: armas, operaciones y arquitectura militar regional
Aquí entra la segunda parte de la tesis. Entre 2006 y 2025, Estados Unidos no solo financió a la UNRWA. También sostuvo una gigantesca arquitectura militar en Oriente Medio.
Según el cuadro trabajado a partir del artículo de Francisco Gil-White y documentación complementaria:


Total: 783.005 millones de dólares.
La comparación es brutal:

La escala militar es aproximadamente 173 veces superior.


13. Nota metodológica: no todo el dinero es igual
Conviene aclarar algo para blindar el artículo.
Las cifras militares agregan categorías distintas:
ventas de armas;
financiación militar extranjera;
entrenamiento;
operaciones encubiertas;
costes de guerra;
programas de equipamiento;
asistencia estratégica;
infraestructura militar.
No todo equivale a “donación directa”. No todo es igual jurídicamente. No todo tiene la misma naturaleza económica. Pero ese no es el argumento. El argumento es que todas esas categorías forman parte de una misma arquitectura estratégica: la militarización estadounidense de Oriente Medio. Y esa arquitectura tiene consecuencias para Israel.
14. Irak: el caso que lo cambia todo
Irak es el gran agujero negro de la narrativa.
Estados Unidos invadió Irak en 2003, destruyó el régimen de Sadam Husein y prometió construir un nuevo orden. Pero el resultado fue otro:
expansión de la influencia iraní;
fortalecimiento de milicias chiíes;
colapso estatal;
aparición de Al Qaeda en Irak;
posterior aparición de ISIS;
desestabilización de Siria;
mayor inseguridad regional para Israel.


El dato presupuestario es gigantesco: cientos de miles de millones de dólares en operaciones, entrenamiento, reconstrucción y sostenimiento del nuevo Irak.
El problema es que ese nuevo Irak no terminó siendo una barrera contra Irán. Terminó siendo, en muchos aspectos, una plataforma de penetración iraní.
Esto es esencial para nuestra tesis: Estados Unidos no destruyó una amenaza para Israel; muchas veces destruyó equilibrios que, aunque imperfectos, contenían amenazas peores.
15. Siria y Timber Sycamore: armar “moderados” en un ecosistema yihadista
La operación Timber Sycamore, impulsada bajo Obama, canalizó cerca de 1.000 millones de dólares al año para armar y entrenar rebeldes sirios.
El esquema involucró a:
CIA;
Arabia Saudí;
Qatar;
Turquía;
Jordania.
La narrativa oficial hablaba de rebeldes moderados. Pero el terreno sirio estaba lleno de grupos islamistas, filiales de Al Qaeda, redes salafistas, Estado Islámico y estructuras armadas cambiantes.
En ese contexto, la distinción entre “moderado”, “islamista”, “proxy útil” y “futuro enemigo” se volvió casi imposible de sostener.
El patrón se repite: Washington interviene para moldear un equilibrio regional, pero el resultado final contribuye a la expansión de estructuras mucho más peligrosas.
16. Líbano: armar al Estado en un país penetrado por Hezbollah
Estados Unidos ha enviado miles de millones al ejército libanés desde 2006.
La justificación oficial es fortalecer al Estado libanés frente a Hezbollah. Pero la realidad es más compleja: Hezbollah no es un actor externo al sistema libanés. Es parte del ecosistema político, militar y territorial del país.
Por tanto, la pregunta vuelve a aparecer: ¿Puede fortalecerse militarmente un Estado profundamente penetrado por Hezbollah sin beneficiar indirectamente el ecosistema estratégico en el que Hezbollah opera?
Incluso si las armas no se entregan directamente a Hezbollah, la asistencia militar puede liberar recursos, mejorar capacidades estatales capturables o reforzar una arquitectura donde Hezbollah sigue siendo el actor dominante.
17. Qatar, Arabia Saudí, Turquía, Egipto y Jordania
Cada caso tiene matices.
Egipto y Jordania tienen tratados de paz con Israel. Arabia Saudí coopera en determinados momentos contra Irán. Qatar aloja bases estadounidenses, pero también ha sido mediador y financiador de estructuras palestinas. Turquía es miembro de la OTAN, pero bajo Erdogan ha mantenido una relación profundamente hostil hacia Israel en numerosos momentos.
El problema no es decir que todos estos países sean iguales.
El problema es que Washington ha armado masivamente un entorno regional donde las alianzas son cambiantes, las ideologías islamistas circulan, los equilibrios se rompen y los enemigos de Israel operan con profundidad estratégica.
De nuevo: Estados Unidos no parece buscar la eliminación de la amenaza contra Israel, sino la administración permanente del conflicto.


18. La paradoja central
La paradoja se resume así:
Estados Unidos corta fondos a la UNRWA cuando se vuelve imposible negar la infiltración o la falta de control.
Pero antes:
la financió durante décadas;
permitió que creciera una burocracia opaca;
aceptó el estatus hereditario del refugiado palestino;
financió indirectamente un ecosistema educativo y social contaminado por el odio antijudío;
y, al mismo tiempo, armó masivamente el entorno regional de Israel.
Entonces la pregunta final no es si Estados Unidos ayuda a Israel en ciertas ocasiones. Claro que lo hace.
La pregunta es otra:
¿Ayuda Estados Unidos a Israel a ganar, o simplemente lo ayuda a sobrevivir dentro de un conflicto que Washington contribuye a perpetuar?
Y si as así, ¿cuáles son los objetivos perseguidos por las personas dentro del gobierno estadounidense en materia de política exterior y mas concretamente en lo referente a Oriente Medio?
19. Conclusión
La UNRWA no es simplemente una agencia humanitaria.
Es una estructura política, burocrática, educativa y económica que opera dentro del corazón del conflicto palestino-israelí. Su definición hereditaria de refugiado, su tamaño desproporcionado, su dependencia de financiación occidental, sus problemas de transparencia, las acusaciones de vínculos con Hamás, el uso de instalaciones civiles por organizaciones armadas y el adoctrinamiento educativo convierten su financiación en un problema de seguridad.
Pero quedarse ahí sería insuficiente.
Porque la UNRWA es solo una parte del sistema.
El sistema completo incluye:
financiación occidental;
burocracias palestinas;
programas de recompensa al terrorismo;
educación en el martirio;
captura territorial por Hamás;
ambigüedad de la ONU;
y militarización estadounidense de Oriente Medio.
Por eso, la retirada de fondos a la UNRWA no basta para presentar a Estados Unidos como aliado coherente de Israel.
La evidencia sugiere algo mucho más incómodo:
Washington financia a Israel lo suficiente para que sobreviva, pero también financia, arma o estabiliza a demasiados actores y estructuras que impiden que Israel pueda vivir en paz.
Y esa es la verdadera doble contabilidad moral de Oriente Medio.
Una contabilidad en la que se discuten 300 millones para ayuda humanitaria, mientras se ocultan 783.000 millones en arquitectura militar regional.
Una contabilidad en la que se dice proteger a los refugiados, mientras se perpetúa su condición.
Una contabilidad en la que se dice buscar la paz, mientras se financian los incentivos materiales, educativos y militares de la próxima guerra.
La UNRWA no es la excepción. Es el síntoma visible de una maquinaria mucho más grande.
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